Monthly Archives: septiembre 2011

Solidaridad de la Federación Universitaria Pro Independencia FUPI (Puerto Rico)

¡Libertad para Marcelo Rivera, luchador estudiantil ecuatoriano!

La FUPI se solidariza con todos nuestros compañeros luchadores a nivel internacional y repudiamos cualquier acto de represión en contra de los movimientos sociales que luchan por causas que consideramos justas según nuestros principios políticos y reclamos históricos como organización. De esta manera denunciamos la hipocresía del gobierno de Rafael Correa, quien ante la opinión internacional se perfila como socialista, impulsor de una agenda de izquierda para el beneficio de la clase trabajadora pero que frente a su pueblo no es más que un charlatán que persigue y reprime a los distintos sectores del pueblo organizado.
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Carta a mi madre. De su hijo en prisión

Hace un año ocho meses que perdí su cotidiana compañía, por nuestra estrecha relación, cuando me encontraba en libertad, no había caído en cuenta la falta que ahora me hace, estando en prisión se llega a valorar aquellas pequeñas  cosas, que una persona no las siente como importantes, a pesar de tenerlas todo el tiempo; levantarse temprano y saludar a los familiares, a mis hermanos y hermanas, a mis sobrinos, a mi padre y claro a mi madre, escuchar su voz cuando me exigía con tal fuerza que no salga sin desayunar, o preguntarme cuándo volvería a casa.

Durante éste tiempo he podido reflexionar muchas cosas y recordar otras tantas, donde usted (jamás me he atrevido a tutearla) ha ejercido una fuerte influencia en la formación de mi personalidad.

Permítame recordar unas pocas cosas:

Siempre que visitábamos a mis abuelos allá en el campo, me deleitaba con los paseos por la finca, recorrer el huerto, tomar una naranja o cualquier fruta, perseguir a las vacas que deambulaban en la zona, y claro, las conversaciones al terminar la tarde, donde mis tías y la abuelita nos contaban las anécdotas del querido y siempre recordado “Papá Luchito”, como cariñosamente le decían a Don Luis A. Toro.

Un día mientras exploraba la casa en el campo, mire sus fotos, diplomas y libros, me llamó la atención una fotografía donde se encontraba Don Luis Toro ofreciendo un discurso a cientos de personas en el fondo se divisaba un gran cartel con las siglas del Sindicato de Choferes.

Usted siempre me relató con orgullo que Don Luis Toro era un destacado líder de la “Clase del Volante”, llegando a ser el Secretario Generala por varios años.

Cuando regresaba a casa de la Escuela y luego del Colegio, siempre le comentaba a usted que me habían electo presidente del grado o del curso respectivamente, casi por todas las aulas por donde pasé ocupé dicha responsabilidad; cualquier iniciativa que me propusiera impulsar como “el Presi”  (así me llamaban en la escuela y lego en el Colegio), era seguro que contaría con su ayuda, mi madre, mi primer apoyo, mi primer respaldo y empuje en la acción.

 Se acuerda cuando en una época ingrese a los “boys scout”? quien me cosió el uniforme, pegó las insignias de guía de patrulla (jefe de un grupo de 10 a 20 scout)y bordó mi pañoleta de muchacho explorador fue usted, siempre mi madre respaldando mis aventuras.

Eb una ocasión mientras usted planchaba cerros enteros de ropa en la casa, mirábamos juntos el noticiero de la tarde, de repente aparecieron imágenes de unos jóvenes con símbolos rojo y negro quienes decían pertenecer al grupo AVC “Alfaro Vive Carajo”, entre ellos una joven que era perseguida por el gobierno de Febrescordero por sus acciones subversivas, esa chica resulta ser un cercano familiar; no puedo negar la admiración y el impacto que causo en mi aquel reportaje televisivo, a pesar de las diferencias ideológicas con el mencionado grupo, admiro y respeto como el que más la valentía de aquellos jóvenes que fueron capaces de entregar lo más valioso que tenían –su vida- para luchar por un ideal.

En las charlas que manteníamos le expresaba a usted mis sueños, mi perspectivas de vida, usted nunca prohibió o trató de impedir que cumpla un sueño, siempre me animó a seguir adelante; cuando fui electo vicepresidente y luego presidente del Consejo Estudiantil del Colegio Cinco de Junio en Quito, su única advertencia fue “puedes estar en lo que tú quieras, con tal que no bajes en calificaciones y seas buen estudiante” ese fue nuestro pacto, me comprometí a ser buen alumno y usted a dejarme asumir aquellas representaciones.

Este pacto se renovaba cada vez que le comentaba que me habían electo presidente de alguna federación u organización, al punto que con seguridad le entregaba mi reporte de notas y luego cuando ya estaba tranquila y feliz, venia la mejor sorpresa, me habían nombrado presidente nacional de la FESE, tiempo después presidente nacional de la JRE, y al último presidente nacional de la FEUE.

Soy consciente de las  muchas preocupaciones que ha causado en usted, producto de las responsabilidades que he asumido,  aunque usted no lo demuestre por su carácter fuerte y batallador, sé que en el fondo siempre está atenta a mis pasos; perdóneme mamá por inquietar su corazón con estas cosas, pero e el camino que elegí, es el camino que toda mi vida busqué, ser un luchador, un combatiente por el cambio, en revolucionario autentico, y no de aquello que utilizan esa luminosa palabra para engañar, oprimir y perseguir al pueblo.

 Hace pocos días usted me visitó en la cárcel de Sucumbíos, ni siquiera la lejanía las trabas impuestas para separarme más de mi familia y amigos, han logrado que usted de su brazo a torcer, la esperaba con impaciencia, era su umpleaño número 58, no tenía posibilidades de darle un regalo material, algo que pueda entregarle en su onomástico, se me ocurrió hacer esta carta y ratificar mi compromiso con usted, seguir siendo buen estudiante en la nuva carrera universitaria (Derecho a distancia) y mantenerme altivo, irreverente, firme en mis convicciones; se que usted se siente orgullosa de saber que su hijo a sacado su carácter y su tenacidad.

Sepa usted que jamás voy a traicionar mis principios e ideales pase lo que pase, estoy preparado para cualquier eventualidad que la historia me asigne, por alto que sea el precio que deba pagar, sea con mi libertad o con mi propia vida, usted llevará en alto el recuerdo de que su hijo Marcelo Rivera Toro o el “chelo” como me llama usted con afecto, es un hombre digno que nunca inclinó su cabeza ante nadie, por muy “dueño del país” que se crea.

Con la seguridad de que mis líneas la van a alegrar mucho, me despido con un abrazo Madre mía.

Su hijo

Marcelo Rivera