Marcelo Rivera se mantiene firme tras las rejas.

Una lección de dignidad y honor propias de un combatiente revolucionario.

Luego de varios días de espera la respuesta llegó inesperadamente, la dirección nacional del partido aprobó nuestra petición de visitar oficialmente al compañero Marcelo Rivera, líder estudiantil  que fue sentenciado por un tribunal penal a 3 años de prisión acusado de “agresión terrorista” y al pago de 300.000 dólares por concepto de daños y perjuicios1.

Al recibir la confirmación, preparamos inmediatamente el viaje a la ciudad de Lago Agrio provincia de Sucumbíos,  sitio donde se encuentra detenido el dirigente universitario, en  el  recién inaugurado Centro de Rehabilitación Social de Sucumbíos,  o la “Guantánamo de Ecuador2” como ha sido denominada por varios medios de comunicación alternativos.

El viaje es largo y cansado, son aproximadamente 6 o 7 horas de recorrido en bus o en auto particular, al llegar a la ciudad se siente el clima cálido-húmedo de la amazonia ecuatoriana; en el terminal terrestre tomamos un taxi para llegar pronto a nuestro destino, cuando indicamos al conductor de vehículo el lugar a donde nos dirigíamos, en medio del diálogo de rigor que los taxistas entablan con sus clientes, nos preguntó a quién veníamos a visitar, le respondimos que iríamos a conocer a Marcelo Rivera ex presidente de la FEUE; el taxista expresó su admiración con el joven universitario, y nos contó haber escuchado en la radio que: “correa lo persigue por defender la educación para los pobres”.

Al fin arribamos a la cárcel de Sucumbíos, varios policías y guías penitenciarios apostados en la puerta de ingreso vigilan y revisan minuciosamente a todos los que entran y salen de la prisión; después de pasar por cuatro filtros de seguridad, llegamos al pabellón de pre-libertad; al preguntar por Marcelo Rivera, los demás detenidos presurosos se encargan de llevarnos a la celda donde habita el “profesor” o el “comandante” como lo llaman con respeto sus compañeros prisión.

Al golpear la gran puerta de metal verde de la celda, Marcelo nos recibe con una amplia sonrisa y un fuerte apretón de manos, la primera impresión que causó a mi compañero de viaje y a quien escribe estas líneas fue: “sigue tan fuerte y optimista como siempre”. La celda mide 4 por 4 metros, tiene lugar para dos camas, una mesa que sirve de escritorio, un retrete y una ducha, en las paredes se muestran afiches con las pinturas clásicas de  Oswaldo Guayasamín (el más importante pintor ecuatoriano), junto a la cama, algunos discos de grupos de heavy metal, una guitarra, libros, documentos y las fotos del guerrillero Cubano-Argentino Ernesto “Che” Guevara.

Marcelo nos cuenta su vida tras la rejas, como si se tratara de un internado donde ha venido -según sus propias palabras- a  “preparase para profundizar la lucha revolucionaria en mejores condiciones”. Su tiempo en la cárcel está organizado, su labor empieza a las 4 de mañana con el primer estudio de código civil, pues se encuentra cursando una segunda carrera a distancia en la Universidad Técnica Particular de Loja – UTPL, luego el aseo, arreglo de la celda, acondicionamiento físico y desayuno, todo esto antes de las 8h30, porque a esa hora debe abrir la biblioteca del centro, donde labora en la entrega y recepción de libros y demás material didáctico.

Su hablar es firme y jovial, no pierde la oportunidad para hacer alguna broma o reírse a carcajadas de alguna ocurrencia que salta en medio de la conversación, pero siempre regresa al tema que le apasiona: la política; hablar con él significa someterse a un examen sobre la realidad nacional,  la lucha del movimiento social organizado, la unidad de las izquierdas, las políticas del gobierno, la educación, la universidad, en fin… son muchos temas sobre los que pregunta, da opiniones y hace reflexiones; parece que no estuviese encerrado en cuatro paredes, se expresa con una convicción que trasluce seguridad en la victoria.

Al preguntarle sobre su familia, su hija y sus amigos, su voz y su rostro cambian, sonríe y nos habla  con orgullo de su madre, la señora Norma Toro, quien los visita cada quince días y lo mantiene informado de las cosas que hacen los “compañeros del partido” como dice su mamá; La mirada de Marcelo toma un brillo especial cuando se refiere a su hija Antonela, tiene de 9 años y vive en la ciudad de Cuenca, no la ve hace 2 años y medio, desde que él está en prisión, pero la llama por teléfono, cuando hay señal o tiene acceso a un código de las cabina públicas que hace poco instalaron en el pabellón.

El Ministerio de Justicia tomó la resolución de trasladarlo de la cárcel de Quito a la de Sucumbíos,  los motivos habría sido políticos, su actividad al interior de la cárcel número 2 del ex – penal García Moreno, y su participación en el Comité de Internos de este centro, desataron la aplicación de esta medida, que se ejecutó en medio de una huelga de hambre en protesta por la destitución injustificada del director de dicha cárcel; la Dirección Nacional de Rehabilitación y el ministro de justicia de aquel entonces el Dr. José Serrano, indicaron a los medios de comunicación que: “Rivera seguía realizando actividad política, azuzando a los internos,  y haciendo pronunciamientos por Internet y la redes sociales3

Al llegar al Centro de Rehabilitación de Sucumbíos, Marcelo no tardó en conformar el comité de internos, organizar cursos de alfabetización, computación, guitarra y otras actividades, nos cuenta con alegría que sus alumnos a quienes alfabetizó, ingresaron a la extensión de la Unidad Educativa Juan Jiménez, institución que inició su clases en la cárcel, por las gestiones que realizó en conjunto con los miembros de la UNE de la localidad.

El proceso judicial aún está en veremos, según uno de sus abogados, el Dr. Marco Cadena, en diciembre cumplirá los tres años de condena, pero debe seguir tras las rejas, purgando una sentencia de un año de prisión por supuestas lesiones causadas al ex diputado Oswaldo Flores del PRIAN, en las movilizaciones por la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente; por esta causa, aplicará el beneficio de rebaja de pena, pre-libertad o libertad controlada; aunque su aprobación no es segura, ya que según el jurisconsulto: “el gobierno hará hasta lo imposible para mantener encarcelado a Marcelo Rivera, no les interesa que este joven salga  libre y siga luchando por sus ideales”4. A pesar de esto, dice que presentará los recursos legales para recuperar su libertad a principios del año próximo. 

El tiempo pasa con una velocidad increíble, los guías se acercan a la celda a decirnos que las visita se ha terminado y que debemos retirarnos, nos despedimos con un fuerte abrazo de aquel hombre que con su ejemplo, nos entrega una lección de dignidad y honor propias de un combatiente revolucionario.

Referencias:

  • Diario el Telégrafo. 11 de marzo del 2011.
  • Periódico En Marcha. Órgano del PCMLE – edición 1233.
  • Resolución del 1er Tribunal de Garantías Penales de Pichincha. 26 de octubre del 2010.
  • Periódico Alternativo Opción. Edición de abril del 2011.

1Resolución del 1er Tribunal de Garantías Penales de Pichincha. 26 de octubre del 2010.

2Periódico Alternativo Opción. Edición de abril del 2011.

3Diario el Telégrafo. 11 de marzo del 2011.

4Periódico En Marcha. Órgano del PCMLE – edición 1233.

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